Encrucijada

 



Las elecciones de hoy son las más importante de los últimos tiempos. No decidiremos solo entre dos candidatos. La decisión va más allá: se trata de elegir qué modelo de país queremos para los próximos años.


El nuevo gobernante de Colombia se enfrentará a un desbarajuste multisectorial como no se ha visto en mucho tiempo, circunstancia que exige ciertas calidades, capacidades y competencias. Sin embargo, infortunadamente, no las veo en los candidatos que disputarán la Presidencia. Lo que observo es populismo de derecha e izquierda; improperios de parte y parte; desinformación en redes y bodegas de ambos lados, dedicadas a convencer o desprestigiar. Parece que para ganar votos es más efectivo reclutar influencers que tener argumentos y propuestas serias.

Esta película ya la vimos hace cuatro años: un balotaje entre dos candidatos que no inspiran la suficiente confianza para entregarles las llaves de la Casa de Nariño. Dos personajes cuestionables y que generan duda y prevención. ¿Qué ha hecho Colombia para que, otra vez, se tenga que escoger el “menos malo”? ¿Llegará el día en que podamos elegir entre dos opciones ideológicamente distintas, pero igualmente preparadas, capaces de generar confianza y credibilidad?

Un gran número de electores votará por Abelardo de La Espriella sin que los convenza del todo. Lo harán porque su prioridad es evitar a toda costa que el heredero de Petro gane la Presidencia. Un cálculo válido y perfectamente entendible.

El fervor que despierta Abelardo no proviene sólo del rechazo a Cepeda; también es el resultado de una campaña moderna e inteligente, con marketing digital sumamente eficaz. Así logró conectar con las masas: se mostró creyente, aficionado al fútbol y respetuoso frente a la diversidad de género. Lo curioso es que, antes de la campaña, era lo contrario: ateo, antifútbol y abiertamente homofóbico. ¿Transforma la política a las personas o ajustan su discurso quienes aspiran a gobernar? Sea como fuere, Abelardo tiene un plus que desequilibra por completo la balanza: José Manuel Restrepo, su fórmula vicepresidencial. Un académico prestigioso y equilibrado, de quien tengo la mejor opinión por su experiencia, conocimiento del Estado y buen juicio. Ojalá él hubiese sido el candidato presidencial.

Por el lado de las toldas “petrocepedistas”, parecen estar desesperadas. Se sienten derrotadas desde que se conocieron los resultados de la primea vuelta y harán lo que sea por aferrarse al poder, tal vez para seguir ocultando lo que hicieron —que aún no conocemos— y evitar que muchos de ellos terminen respondiendo ante la justicia.

¿Será que la estrategia petrista de repartir subsidios a tutiplén, contratos por billones de pesos y crear nóminas paralelas no ha funcionado para alimentar la base electoral cepedista?

Como no me ubico en ninguno de los extremos, encuentro inconvenientes ambas opciones. Son simétricamente indeseables y, a mi juicio, los dos son un riesgo para la democracia. No me extrañaría que, gane quien gane, una vez en el poder intente cambiar la Constitución para quedarse otro ratico.

No me gusta Abelardo de La Espriella. Me intranquiliza que en el pasado haya defendido a deleznables criminales —no todo se puede hacer por dinero—, su vieja familiaridad con oscuros personajes y sus presuntos nexos con un sector del paramilitarismo. No creo que le convenga al país tener en la jefatura del Estado a una persona que exhibe su riqueza como valor moral; que desafía los fallos judiciales y que, evidentemente, gradúa de enemigos a quienes no piensan como él.

De otra parte, cómo lo escribí la semana pasada en este mismo espacio, Cepeda con sus ideas trasnochadas de un comunismo fracasado y su cercanía con las Farc, no inspira confianza en lo absoluto. Votar por él sería respaldar el continuismo del actual gobierno y pienso que este país no resistiría otros cuatro años de esta izquierda tan errática.

A la luz de lo anterior, una alternativa lógica es votar en blanco, como lo hice hace cuatro años, cuando consideré que las dos opciones eran desastrosas.

Conviene señalar que nunca he votado presa del miedo o invadido por el odio, ni obedeciendo a un dogma o disciplina partidista. Siempre lo he hecho por el candidato que me parece la mejor opción y siento que mejor me representa. Mi voto es racional, ciento por ciento de opinión.

No obstante, en esta ocasión, por primera vez, estoy evaluando la posibilidad de votar por alguien que no me gusta. Creo que, dado lo que está en juego, es legítimo optar por quien represente el menor riesgo; por quien viabilice de mejor forma la recuperación del país; por quien dé señales de conformar un gabinete capaz —y no integrado por ineptos copartidarios— y, en definitiva, por el que al menos nos brinde una luz de esperanza de que hará un gobierno aceptable. Y ese, para mí, aun con todos los reparos que tengo, es Abelardo De la Espriella. Con Cepeda, no hay esa luz; solo oscuridad e incertidumbre.

Además, confío en que Restrepo pueda funcionar como polo a tierra y guía en la gestión del Estado, dada la inexperiencia en el sector público del candidato presidencial. Y eso, me da algo de tranquilidad. Con Cepeda, no solo no hay polos a tierra, sino áulicos aún más radicales que él.

Así las cosas, estoy entre votar en blanco o por Abelardo. Si decido votar en blanco, seré coherente con lo que pienso y quedaré bien conmigo mismo. Pero si, en últimas, voto por Abelardo será impulsado por el pragmatismo de que con él a Colombia le podría ir mejor —o menos mal— y por la responsabilidad ciudadana que siento.

Creo que, finalmente, lo decidiré en la soledad del cubículo, justo antes de rayar el tarjetón.

Remate al Arco. Mañana amaneceremos con una Colombia desesperanzada y frustrada porque perdió, y otra altiva y soberbia porque ganó. En un país totalmente dividido entre dos polos cada vez más distantes, ojalá no se presenten hechos violentos porque una mitad se niegue a aceptar lo que decidió la otra.

 


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3 comentarios

  1. Hola Jorge! Que EL Santo Espíritu te dé la sabiduría una vez llegues al cubículo y votar por la mejor opción de País, no siempre debemos hacerlo por Nuestras convicciones de búsqueda perfección en los candidatos, somos seres humanos e imperfectos, no vamos a elegir al Papa y aun así ellos también son imperfectos. Yo votaré para que las poblaciones azotadas del Cauca, Nariño, Chocó, Norte de Santander, Antioquia, Orinoquia, y Colombia en general les llegue la paz, por la razón o por la fuerza, que sus hijos no sean secuestrados por estos grupos criminales y sean enrolados en sus filas de criminalidad, que en 4 años esas poblaciones gozen del progreso que lleve la seguridad y que jamás tengan que volver a votar con con un fusil amenazante en sus cabezas, en fin, que sus necesidades básicas sean satisfechas. Un abrazo y que Dios, Trino y Uno por la poderosa interseción de La Santísima Virgen María y San José, salve a Colombia.

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  2. Por tercera vez hoy intento hacer mi comentario. Se borra, pero bueno ya cumplí con mi derecho al voto, y como constitucionalmente se reconoce como un mecanismo de participación, es por tal mí derecho y no como un deber, pues con mi derecho de representación estoy cumpliendo con el precepto del deber que de él se desprende, de participar en la vida política del país.
    Entonces como derecho, considero que se ha venido vulnerando a los colombianos consuetudinariamente desde hace más de 70 años, con el Frente Nacional, por lo que por lo más me produce hilaridad qué se diga siempre, que está elección sí es definitiva para el futuro de nuestros hijos y nietos y para salvar al país, salvarlo de qué? Me pregunto, de nuestra ignorancia, de no haber salido de la Patria Boba, del supuesto de que tengo que votar por el menos malo, de lo contrario seré responsable de la devacle del país? De no poder tener determinación, ni la menor libertad de voto, porque de lo contrario me alinean en una extrema, me descalifican y hasta de paria puedo ser declarado? Que pobreza de país, dónde los primeros que te pueden descalificar por una decisión tan personal y libre son tus allegados.
    Y nos creemos un país muy de avanzada, culto o progresista, perdón esa palabra no es apropiada pues me pueden perfilar. En fin creo y me convenzo cada vez más, por las dos opciones que siempre terminan para elegir entre el menos malo, que mi decisión, que no sé porqué no se respeta, pues la registraduria no da los datos, es haber votado en Blanco.
    Ojalá por el futuro salgamos de tanta ignorancia. WPN

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