Amigos a Lapiz, No en Mármol

 



“Es mejor tener amigos que plata”; “los amigos son la familia que uno elije”; “un amigo es alguien con quien podemos pensar en voz alta” y mi preferida: “los amigos son como los preservativos: nos protegen cuando la cosa se pone dura”. Son sentencias que he escuchado durante toda la vida y con las que no he podido estar más de acuerdo. Estoy convencido que un amigo, como dice la canción Amigos de Los Enanitos Verdes, “es una luz brillando en la oscuridad”.

A propósito de esta canción, mi amigo Gabriel Cardozo me la dedicó hace muchos años. Recuerdo que estábamos en Ramón Antigua, el icónico bar de la bohemia bogotana, en su sede original, la de la calle 84 arriba de la 15. Al sonar la intro del tema, la gente que estaba bailando —incluso los que lo hacían sobre las mesas, algo habitual en ese templo de la rumba— adoptó una especie de solemnidad improvisada y empezó a corear la canción. En su momento valoré el gesto de Gabo. Hoy lo sigo haciendo, llevándolo intacto en el inventario de mis mejores recuerdos, como uno de esos momentos que justifican la palabra amistad.

Creo que soy buen amigo de mis amigos; o al menos, trato de serlo. Tal vez, por no tener hermanos, en cada uno de ellos, veo a ese hermano que la vida me negó. Aunque soy consciente de que la intensidad de la amistad rara vez es simétrica —casi siempre hay una persona que se entrega más que la otra— me siento valorado y genuinamente aceptado por ellos, y eso, la verdad, me hace feliz.

Me precio de tener una buena cantidad de amigos a quienes quiero enormemente así sean uribistas de corazón, petristas empedernidos, odien a Millonarios o si sufren de tacañería crónica y rara vez invitan a una cerveza. Nada de eso me impide disfrutar de su amistad. Han estado ahí, a mi lado, en las buenas y en las no tan buenas. Amigos del colegio y de la universidad; amistades forjadas en las empresas donde he trabajado y otras construidas en los caminos impredecibles de la vida. Algunas nacieron por extensión: amigos de mis amigos que terminaron siendo míos también.

Mención especial para mi amigo de la niñez, Fernando Monroy con quien conservo una amistad de más de medio siglo. Fernandito era mi vecino en Viotá y, como le llevo cuatro años, tengo recuerdos nítidos de su primera infancia, corriendo por el zaguán de su casa, totalmente desnudo, con todo su porvenir por delante. No sé si hoy en día mantiene esos hábitos exhibicionistas. Habría que preguntarle a Marcela, su esposa.

Sin embargo, no todo es nostalgia y risas. Alguna vez, en terapia, sentí la necesidad de referir un episodio que me tenía dolido y no lograba digerir: un amigo cercano sacó ventaja en un negocio que hicimos juntos y se quedó con la mayor parte de las utilidades del proyecto, valiéndose de argucias. En otras palabras, fue tramposo, desleal y traicionó mi confianza, que para mí es la materia prima de la amistad. Tras escucharme, la psicóloga soltó una frase categórica: "A los amigos hay que aceptarlos como son y punto". Esa frase, en un principio, me hizo sentido; pero, con el paso de los años, la he revaluado por completo. Me parece una trampa peligrosa.

Hoy estoy convencido que la lista de amigos hay que escribirla con lápiz. Nadie está obligado a mantener un vínculo que no aporta, no enriquece y que, quizá, con el tiempo, se volvió pesado, e incluso, tóxico. Me resulta inaceptable sostener una amistad solo por la inercia de los buenos tiempos compartidos o por la antigüedad del lazo. Si alguien deja de ser valioso, si traiciona la esencia del código o si, simplemente, dejó de ser chévere compartir con él, ¿para qué mantener esa amistad? La amistad no es un contrato vitalicio; es un pacto vivo que se renueva o se disuelve con dignidad.

He recuperado amigos que daba por perdidos. También reconozco que he perdido unos cuantos: algunos con los que crecí, viví momentos increíbles y construí lazos fuertes de confianza. Ahora solo quedan puentes rotos. Y está bien: no todo lo que se rompe merece ser reconstruido. A veces soltar es el acto más maduro de amor propio.

En cualquier caso, los amigos que tengo son los que quiero tener. Con los que sé que puedo contar; con los que quiero departir, hablar de la vida, jugar, recordar anécdotas, tomarnos del pelo, discutir por política, comentar fútbol, tomar trago sin medida, escuchar salsa y vallenato, y sobre todo, reírme mucho. Como dicen ahora los pelaos: con los que siempre quiero “parchar”. Y en ese “parche” caben las diferencias ideológicas, los equipos rivales y los distintos estilos de vida, siempre que se respete el código básico: no traicionar y no usar la palabra amistad como disfraz de conveniencia.

Remate al Arco. Tengo el privilegio de que algunos de mis amigos me consideran “su mejor amigo”. Cada vez que me lo dicen, me siento feliz, me lleno de un orgullo silencioso y, casi siempre, pido otra ronda… por cuenta mía, claro. 🍻

 

 

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10 comentarios

  1. Bien escrito mi amigo Jorge Luis Conrado también hay amistades que no necesitan continuidad…. Sólo memorias y un emotivo reencuentro después de 40 años. Qué buen regalo volver a tener a ese gran amigo que hizo parte de una época inolvidable.

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  2. Gracias, Eduardo. Para mí también fue un enorme motivo de felicidad reencontrarme contigo después de 40 años. La vida, con sus vueltas inesperadas, vuelve a juntarnos aunque estemos a miles de kilómetros de distancia. Y eso es algo que celebro profundamente.

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  3. Estimado Jorge L.,

    Pensando en nuestra amistad, que comenzó como compañeros de trabajo y que con el tiempo, lejos de debilitarse, se ha ido fortaleciendo, solo puedo agradecer. Es un regalo que valoro profundamente.

    Me conmovió mucho leer tu reflexión sobre la amistad. Ella me recordó lo que dice la Biblia:

    "En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia" (Proverbios 17:17).

    Y también:

    "Mejores son dos que uno… porque si caen, el uno levantará a su compañero" (Eclesiástes 4:9-10).

    Nuestra amistad ha sido eso: un apoyo y un camino que, afortunadamente, nos llevó a compartir lo más valioso: la fe. Ver cómo Dios tocó tu corazón fue un momento inolvidable para mí.

    Celebro esta relación que trasciende el trabajo y los años. ¡Un fuerte abrazo!
    https://youtu.be/TMM1Q0ExPF0
    Amigos de Petra

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  4. Muchas gracias por tus palabras, Javier. Uno no siempre entra a una empresa con la expectativa de ampliar su círculo personal; sin embargo, he tenido la fortuna de coincidir con personas valiosas como tú. Eres una fuente de inspiración y estoy seguro de que mantendremos una amistad sólida basada en el respeto y, como bien señalas, en el don compartido de la fe

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  5. Amigo, la amistad divino tesoro que muy pocos saben apreciar. Aunque suene feo, a los buenos amigos debemos verlos como una inversión emocional, por eso hay que cultivarlos. Nosotros los que estamos entrando a la madurez de la vida debemos conservar las buenas amistades ya que un futuro serán nuestra compañía y apoyo, los hijos hacen su propio camino y no sabemos si nuestra pareja será para toda la vida. Gracias por incluirme en el blog como referencia, me sentí muy halagado.GCM

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  6. Edgar Mojica. Apreciado Dr. Conradito. muy ciertas y acertadas tus expresiones en relación a la amistad. Recuerdo que en Julio del año pasado te envié un Post relacionado con el tema de los amigos, en donde el Español Jaime Higuera, a quien sigo en Instagram, hizo un símil entre los amigos de Hojas, Ramas y Raices. Por supuesto tu eres para mi una Raiz. un abrazo

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  7. Sí, sr. Lo recuerdo. De igual forma, te considero un amigo raíz. De esas, arraigadas a la tierra, firmes y que aguantan todo. Un abrazo

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  8. ¿Y las amigas? Yo creo que merecemos una reflexión también, las amistades entre hombres y mujeres son especiales y maravillosas. Me gusta cuado nos reímos y nos contamos nuestras cuitas.

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  9. Que buena historia, me reí mucho, además que estoy de acuerdo con esos argumentos de los amigos.

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