Cuatro años de retroceso

 



Después de cuatro largos años, el gobierno de la izquierda llegó a su fin. Se fue Petro por la puerta de atrás, con más pena que gloria y envuelto en nuevos escándalos, la constante de su administración. Desde el inicio de su periodo vimos toda clase de episodios que no solo lo involucraron directamente, sino también salpicaron a su familia y a sus colaboradores más cercanos.


El mal gobierno Duque precipitó la llegada de Petro. No juzgo a quienes votaron por él esperando el cambio prometido; ese cambio nunca llegó o, peor aún, llegó para agravar las cosas. Con el presupuesto más grande de la historia, pudo haber impulsado una transformación social real en beneficio de todos los colombianos; tampoco fue capaz de redefinir la forma de hacer política. Por el contrario, abusó del poder e hizo todo lo posible por degradar la investidura presidencial.

Desconociendo los principios elementales de la gerencia pública, Petro improvisó de principio a fin. Lanzaba ideas y propuestas —generalmente traídas de los cabellos— que luego jamás volvía a mencionar, en lugar de establecer prioridades, planes estratégicos y mecanismos de seguimiento periódico. Ni siquiera logró rodearse de un equipo competente. Funcionarios en cargos clave fueron nombrados por amiguismo o para pagar favores, sin que acreditaran las competencias técnicas requeridas. Por eso, las capacidades endógenas del gobierno dejaron mucho que desear.

Hay, al menos, cuatro frentes en los que el gobierno Petro fracasó estrepitosamente y que evidencian su absoluta incompetencia.

El primero de ellos es el orden público. El balance de “la paz total” es descorazonador: pérdida del control territorial, escalada de la violencia y un país inundado de coca. Las guerrillas se fortalecieron y las organizaciones criminales actúan a sus anchas. Esta política fallida permitió que en los últimos cuatro años se duplicara el número de integrantes de los grupos armados ilegales. Según la Fundación Ideas para la Paz, a diciembre de 2025 estas estructuras sumaban más de 27.000 efectivos.

El segundo es el sistema de salud, hoy sumido en una crisis profunda. El aumento de las peticiones, quejas, reclamos y tutelas, así como las dificultades en el acceso a medicamentos, son una muestra de ello. A esto se suman los problemas financieros de varias EPS intervenidas y las investigaciones, y cuestionamientos sobre el manejo de los recursos del sistema. Aun así, Petro le otorgó la Cruz de Boyacá al ministro saliente de Salud, gesto que solo puede interpretarse como una ironía y desprecio hacia quienes perdieron la vida esperando un medicamento.

El tercer frente es el de la seguridad energética. El sistema enfrenta una situación cada vez más exigente, con una creciente dependencia de las importaciones de gas. A esto sumémosle que estamos al borde de un apagón, pues durante su mandato no se hizo nada para ampliar la capacidad de generación eléctrica. En materia energética, el país no puede darse el lujo de confundir transición con improvisación.

Y, por último, y no por ello menos importante, está el tema de las finanzas públicas. Petro entrega un país con unas finanzas públicas deterioradas, una deuda elevada y un servicio de la deuda cada vez más costoso. El hueco —más bien tronera— fiscal superó el 6% del PIB en 2025.

Lo que se espera de cualquier gobernante es que deje un país mejor de como lo encontró. En el caso de Petro, no solo fue así, sino que lo deja visiblemente peor. No se vio durante el cuatrienio una sola obra de infraestructura que pueda identificarse como emblema de su administración. Incluso el aeropuerto del Golfo de Morrosquillo, presentado como uno de los proyectos de infraestructura de su gobierno, se inició en el gobierno Duque y Petro lo inauguró sin siquiera haberlo terminado.

El nuevo gobierno recibe un país en un estado de retroceso sin precedentes. El cambio pregonado resultó chimbo —como diría Germàn Vargas Lleras—. Pero eso no significa que la gente haya dejado de esperarlo.

Remate al Arco. Algunos simpatizantes del gobierno saliente, sostienen que Petro acabó con la pobreza. Creo que tienen razón: acabó con la pobreza de su hermano, de su esposa, de su hijo Nicolàs, del hermano de Laura Sarabia, del novio del Presidente de Ecopetrol y del entorno de quienes ocuparon cargos de poder. Fue la corruptela más descarada que yo recuerde. 💀 

 

 










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1 comentario

  1. Hola Jorge, el nefasto gobierno Petro, que acaba de terminar dejó esos resultados catastróficos qué bien describes, pero hay uno más grave para el futuro de la nación, es que nos deja consagrados al maligno y como creyentes y sabedores qué cada acto trasciende y marca nuestra Alma, debemos reparar esas heridas que están en el Espíritu de la Nación y consagrarnos a Dios, Trino y Uno. Por ello me alegra esas manifestaciones que el nuevo gobierno hace, al rendirle su mandato a la ayuda y bendición del Todo Poderoso. Es que la guerra es espiritual. Un abrazo

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