"Argentinofobia"

 



No sé si ocurre solo en Colombia o si también pasa en otros países de la región, e incluso del mundo. Lo cierto es que la selección argentina ha despertado una antipatía pocas veces vista en un Mundial de fútbol.

Creo que esa “argentinofobia” tiene su origen en la pedantería que, por momentos, transmiten algunos de sus jugadores; en la enorme dificultad que parecen tener para reconocer una derrota en franca lid —sin duda, son malos perdedores— y en esa forma, a veces, mañosa de administrar los momentos clave de un partido para inclinar la balanza a su favor. Argentina generalmente, juega bien, pero también juega “con viveza” y eso irrita e indigna cuando los árbitros miran para otro lado.

Para no ir más lejos, recuerdo el comportamiento antideportivo del arquero Emiliano "Dibu" Martínez durante la semifinal de la Copa América de 2021 entre Argentina y Colombia, definida por penaltis. Lo que el guardameta les dijo a nuestros cobradores terminó por desestabilizarlos psicológicamente e influyó en el desenlace de la serie. A raíz de ese episodio, la International Football Association Board (IFAB), organismo encargado de las Reglas de Juego, endureció en 2023 la aplicación de la Regla 14 para limitar las conductas destinadas a distraer al ejecutante. En rigor, es una modificación y una interpretación más estricta de esta norma conocida popularmente como la Regla Anti-Dibu.

Y si a eso le sumamos las "ayuditas" que ha recibido Argentina en algunos Mundiales —particularmente en este—, los detractores de la Albiceleste sacan todo su arsenal para denostar de los tricampeones del mundo. Cada quien es libre de tramitar sus gustos, simpatías o fobias como mejor le parezca. Pero una cosa es la antipatía que pueda despertar la selección argentina, que puedo entender por lo ya comentado, y otra muy distinta es el odio visceral que termina nublando por completo el juicio, hasta el punto de mirar cada triunfo con sospecha y escepticismo.

A uno puede gustarle o no Argentina, pero convertir esa animadversión en una obsesión, creo yo, termina siendo una forma de proyectar las propias frustraciones, carencias y desencantos que hemos acumulado en el fútbol y, por qué no, también en la vida.

En lo personal, creo —y no de ahora— en la calidad del fútbol argentino. Ha disputado seis finales de Copa Mundo, sin contar esta. En la categoría Sub-20, es la selección con más títulos en la historia del certamen y, además, es la máxima ganadora de la Copa América, para no hablar de los logros de sus clubes en los torneos continentales.

Argentina es uno de los países que más exporta futbolistas al mundo y también uno de los mayores productores de entrenadores. Prueba de esto último es que, en este Mundial, seis selecciones estuvieron dirigidas por técnicos argentinos, incluida Colombia. Un registro que habla, por sí solo, de la influencia que ejerce su escuela futbolística.

Estoy seguro de que si hacemos la lista de los cinco jugadores más grandes de la historia, Argentina, fijo, mete a dos y, posiblemente, hasta un tercero: Alfredo Di Stéfano. Muy pocos países pueden darse ese lujo.

Hace algunos años tuve la oportunidad de estar en el estadio Monumental de Buenos Aires viendo a River Plate, el equipo del cual soy simpatizante. El fervor y la pasión con la que se vive el fútbol es algo simplemente impresionante. No creo que haya otro país en el mundo que tenga tanta devoción por este deporte como Argentina.

Millonarios, mi equipo del alma, alcanzó la grandeza a comienzos de los años cincuenta, hasta el punto de ser considerado el mejor equipo del mundo. Buena parte de esa historia se escribió gracias a futbolistas argentinos como Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera, Néstor "Pipo" Rossi, Antonio Báez y Julio Cozzi. Ya en los años ochenta, cuando empecé a ir con frecuencia a El Campín, también disfruté del talento de varios argentinos vestidos de azul: Pedro Vivalda, José Daniel Van Tuyne, Carlos Ángel López, Alejandro Barberón, Juan Gilberto Funes, Silvano Espíndola y Mario Vanemerak, entre otros. Y si repasamos la historia de los demás clubes colombianos, encontraremos decenas de argentinos que dejaron una huella imborrable. Sin ellos, nuestra historia sería otra, probablemente menos brillante.

Nos guste o no, el fútbol profesional colombiano le debe mucho al argentino. Sería incoherente, por mi parte, descalificar el fútbol que hizo brillar a Millonarios en el mundo. Además, no olvidemos que la mejor participación de Colombia en un mundial fue de la mano de un argentino: José Peckerman.

Eso no quiere decir que debamos profesar una gratitud eterna que nos impida ser críticos frente a determinados comportamientos de la selección argentina o de algunos de sus integrantes. La crítica, cuando es fundamentada, es legítima y necesaria. Sin embargo, tampoco me parece justo restarle mérito a su campaña mundialista bajo la teoría de que todo obedeció a una conspiración orquestada por Gianni Infantino para regalarle la Copa a Lionel Messi. Una posición necia, difícil de sostener con datos y más fácil de abrazar desde el rechazo y la envidia.

Remate al Arco. En lugar de quedarnos señalando, una y otra vez, los defectos de los futbolistas argentinos —aunque algunas críticas sean perfectamente válidas—, ¿por qué no aprender de sus mayores fortalezas? El amor por la camiseta, el carácter competitivo, el compromiso con el que afrontan cada partido y esa capacidad para levantarse cuando todo parece cuesta arriba. Ahí hay una lección que bien podríamos incorporar al fútbol colombiano.

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4 comentarios

  1. Se han encargado de alimentar ese odio y rabia que produce ver cómo, en todos los mundiales que han ganado ha habido trampa, no se trata de desconocer qué su fortaleza y aporte al fútbol. Pero en el torneo orbital se han encargado ellos solos de ganarse la desconfianza, animadversion y odios. No es sino ver la reacción y demandas de todos los equipos que han derrotado en lQatar y ahora en éste mundial. Y eso se vuelve visceral por el descaro y el cinismo con el que se ha practicado el favorecimiento y la trampa.

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  2. Pedro Francisco Rodríguez R.19 de julio de 2026 a las 12:12 p.m.

    Así es Jorge Argentina es una Selección que despierta amores y odios, hoy lo he comprobado ya que he salido a hacer unas vueltas y en varias personas he visto que llevan la camiseta de Argentina, he visto más de 20 personas con esa camiseta de unas 60 u 80,.es.decir. un alto porcentaje.. personalmente por todo lo que he visto de Infantino a favor de Messi, me he vuelto anti-Argentino, por eso hoy quiero que gane España y Olé

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  3. Argentina no siempre busca caer bien; busca competir y ganar. Eso genera admiración y rechazo en proporciones parecidas. Personalmente, puedo cuestionar determinados gestos y, al mismo tiempo, respetar profundamente la manera en que asumen la camiseta. De hecho, quizá una parte de su fuerza procede precisamente de esa mentalidad de “nosotros contra todos”. El reto está en conservar la pasión sin cruzar la línea entre la intensidad y el menosprecio al rival.

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  4. Hola Jorge, la Argentinofobia es de tiempos del ruido, mi Padre me transmitió ese sentimiento desde el mundial de 1978, pero ya en la adultez he reconocido que Los Argentinos en el futbol y otros deportes es de admirar, cuando lleguemos con nuestros deportistas, a tener ese Amor propio por su camiseta, por su país, ganaremos algo.
    Mi Padre, ciertamente admiraba en su corazón, les reconocía el coraje de sus deportistas, como en su Época en el boxeo, había un gigante, Carlos Monzón quien disputó dos memorables combates con Rodrigo "el Rocky" Valdez.
    Así que solo queda admiración.
    Un saludo.

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