Soy hincha de un solo equipo en el mundo. Y ese no es otro que el Club Deportivo Los Millonarios. Una institución que amo sin reservas y de la cual me siento orgulloso, incluso en campañas discretas. Porque el amor verdadero no distingue entre victorias y derrotas. Siempre permanece.
Mi amor por Millos empezó en los tempranos años 70. Todavía guardo en la memoria a varias de las figuras del equipo campeón de 1972, aquel que bordó la estrella número once: Willington Ortiz, Alejandro Brand y Jaime Morón. Nombres que, para muchos, son historia; para mí, son parte de la infancia. Tardes de radio —los partidos no se transmitían por televisión—, en las que por primera vez entendí que el fútbol podía doler y emocionar al mismo tiempo.
Con el paso de los años, la pasión se manifestó en colección. Tengo camisetas —algunas autografiadas por los jugadores—, buzos, chaquetas y gorras del club; libros y revistas que cuentan su historia, esa que está hecha de tardes inolvidables y jugadores que dejaron huella, no solo en el césped sino en el alma. También conservo piezas de merchandising como mugs, escudos, llaveros y pines. Y, como un archivo emocional, guardo las boletas de las finales en las que estuve presente y vi a Millonarios coronarse campeón: 2012, 2017 y 2023. Lo que me despierta este equipo no es fácil de poner en palabras; es de esas cosas que se sienten antes de explicarse.
Ahora bien, en el plano internacional hay cuatro clubes de los que soy simpatizante de vieja data. Trato de seguirlos en sus ligas y torneos internacionales. Los tengo rankeados por orden de preferencia.
El primero es el Real Madrid. Le tengo afecto y no es casual. Hay un hilo que lo conecta con Millonarios, tejido por uno de los jugadores más grandes de la historia del fútbol y que, para muchos entendidos, hay que poner al lado de Pelé y Maradona. Estoy hablando, claro está, del señor Alfredo Di Estefano, quien brilló de azul embajador antes de llenarse de gloria vestido de blanco merengue.
Una sola vez he visto jugar al Madrid. Fue en el Santiago Bernabeu contra el Sevilla. En la cancha, vestidos de blanco, estaban nombres importantes como Iker Casillas, Fernando Hierro, Roberto Carlos, Luis Figo, Raúl y Davor Šuker. Un equipazo, sin discusión. La única camiseta que tengo de un club distinto a Millonarios es, precisamente, la de la Casa Blanca. En la espalda, sobre el número 10, dice James.
El segundo de la lista es el Bayern de Múnich. Mi simpatía nació a mediados de los 70, viendo por televisión El Mundo al Instante, una especie de noticiero de una cadena pública alemana que siempre traía su cuota de goles bávaros. Creo que la voz en off para Latinoamérica la hacía el locutor colombiano Andrés Salcedo. Ese mismo material se proyectaba en cine, como cortometraje previo a la película. Así vi, en pantalla grande y a color, los goles demoledores de Karl-Heinz Rummenigge y las atajadas espectaculares de Sepp Maier.
Después llegó el programa nacional “Fútbol, el mejor espectáculo del mundo”, con Alberto Piedrahita Pacheco, donde transmitían partidos en diferido de la Bundesliga. Ahí reafirmé mi gusto por el Bayern. Sin embargo, si se cruza con el Madrid —como sucedió el miércoles pasado en cuartos de final de la Champions League—, mi apoyo es para el Equipo Merengue.
En los 80 apareció un francés que me deslumbró. Un “10” excepcional, elegante y decisivo. Un verdadero crack. Vestía una camiseta de rayas blancas y negras. Era Michel Platini, la figura indiscutible de la Juventus de Turín. De ahí nació mi inclinación por la Vecchia Signora. La sigo con entusiasmo, aunque si el rival es el Bayern, me voy con los bávaros. El ranking es el ranking.
El último equipo al que le tengo aprecio no está en Europa sino en Suramérica. Se trata del River Plate de Argentina. Un club al que también, de alguna manera asocio con Millonarios. Ambos cargan el apodo de “Gallinas”; a River le dicen “El Millonario”; y comparten nombres ilustres en su historia: el propio Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera, Néstor Raúl Rossi y, más cerca en el tiempo, Juan Gilberto Funes, que primero vistió de azul y luego la banda roja cruzada. En 2013, tuve la oportunidad de ver a River en el Monumental de Buenos Aires. Fue una experiencia increíble. Como se vive el futbol en Argentina es, creo yo, único en el mundo.
Remate al Arco. Millonarios fue, alguna vez, considerado el mejor equipo del mundo. En el libro de Mauricio Silva Guzmán, titulado justamente, “El Mejor Equipo del Mundo”, se sustenta con datos y evidencia por qué, a comienzos de los años cincuenta, lo era. Aquel Ballet Azul fue más grande, incluso, que el Barcelona y el propio Real Madrid de entonces. Y yo, sin necesidad de VAR, lo creo.
