Brujos, algoritmos y fútbol

 



Antes del partido de dieciseisavos frente a Ghana, se habló de un posible maleficio en contra de nuestra selección. El esoterismo —y no la táctica— acaparó las redes y las redacciones deportivas. No sé si la romería de aficionados que subió a Monserrate, para pedirle al Señor Caído su intercesión para conjurar cualquier clase de brujería, dio resultado; lo cierto es que Colombia logró eliminar al conjunto africano.


Y aunque la victoria llegó por la mínima diferencia, bien pudo ser más amplia. El dominio tricolor fue absoluto y Camilo Vargas prácticamente no tuvo que intervenir, fue un espectador más. Por fortuna, los hechizos del brujo ghanés —ese personaje que soplaba un polvillo blanco con la convicción de quien sabe que el show es parte del negocio— no surtieron efecto. Tal vez por eso terminó alzado en hombros de los aficionados colombianos que asistieron al Arrowhead Stadium de Kansas City. No me extrañaría que lo hubieran graduado de "parcero", le hubieren dado “guaro” y que ya tuviera una invitación pendiente para visitar nuestro país.

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Siempre me ha llamado la atención todo lo que se teje alrededor de los mundiales en materia de predicciones. Es como una necesidad humana querer ganarle al destino. Recuerdo que en la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 apareció en Alemania un pulpo llamado Paul, que se convirtió en un fenómeno global al acertar, uno tras otro, varios resultados. Nunca supe qué fue de Paul. No sé si ya se jubiló con honores de su oficio de vidente o si, después de fallar algún pronóstico clave, terminó desmembrado en un caldero, siendo el ingrediente principal de una cazuela de mariscos.

Para esta cita mundialista, el oráculo moderno vino con traje y corbata desde Londres: el modelo econométrico de la firma Panmure Liberum. Su analista estrella y cerebro del modelo, Joachim Klement, se puso la gorra de pitoniso financiero y lanzó sus vaticinios con la seguridad con la que maneja las cifras. Pronosticó que Países Bajos sería el campeón, que Japón eliminaría a Brasil y, para nuestro pesar, que Colombia no vería los octavos de final porque Croacia nos mandaría a casa. Ninguna de esas predicciones se cumplió.

La verdad, no entiendo cómo variables como el PIB per cápita de un país o el tamaño de su población —dos de los factores utilizados por ese banco de inversión para alimentar su modelo predictivo— pueden tener una incidencia directa en el desempeño de una selección en un Mundial. ¿Qué estará pensando Klement después de ver a Cabo Verde que no solo clasificó a la segunda fase, sino estuvo a punto de dejar en el camino al vigente campeón del mundo, siendo un país de apenas 500.000 habitantes y con un PIB per cápita de nivel medio-bajo?

Creo que una de las cosas más hermosas que tiene el fútbol es, precisamente, su absoluta imprevisibilidad. Un balón caprichoso puede burlarse de cualquier algoritmo, de cualquier estadística y hasta de la lógica más aplastante. ¿Quién habría imaginado que Alemania, cuatro veces campeona del mundo, quedaría eliminada en dieciseisavos por una selección que había clasificado raspando como mejor tercera? ¿O que Uruguay, otro histórico que ha alzado la copa en más de una ocasión, empacaría maletas tras disputar únicamente los partidos de la fase de grupos? Ya lo vimos en la Copa Mundo anterior, cuando se produjeron varias sorpresas de esas que destrozan cualquier polla y dejan en ridículo a los expertos: Francia perdió con Túnez, Japón derrotó a Alemania y a España, Australia venció a Dinamarca, Corea del Sur hizo lo propio frente a Portugal y Marruecos eliminó a España.

De todas formas, confieso que me atrae escuchar los vaticinios futboleros de quienes predicen el futuro —aunque no han podido dar con los números del Baloto— y de los brujos que aseguran ver en las cartas, en las cenizas del tabaco o en donde sea, quién levantará la Copa del Mundo. Por supuesto, esos vaticinios los tomo con reserva y, en general, soy bastante escéptico con los pronósticos que vienen de adivinos.

Eso sí, debo admitir que empiezo a creerles cuando favorecen a la Selección Colombia. Como este vidente que, hace cuarenta años, aseguró que Colombia se coronaría campeona del mundo en este 2026.

https://www.tiktok.com/@josephthommycross/video/7657041960254917906?_r=1&_t=ZS-97jEzAjWtgy

Puedo parecer iluso, pero tengo el presentimiento de que le va a atinar. Después de todo, si un pulpo alemán acertó resultados con su cerebro de molusco y un modelo financiero falló con todos sus gráficos, ¿por qué no confiar en la palabra de un vidente que se la jugó por nosotros? La fe, como el fútbol, se mueve por caminos que ni la estadística ni la razón comprenden.🔮

Remate al Arco. No creo en brujas, pero conozco algunas.

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