El consultorio sexual de Odar Noc (3)



Nuevamente Puntos Reflexivos tuvo acceso al buzón de orientación sexual del maestro de maestros, Odar Noc.


En esta ocasión sus consejos van más allá de la consultoría convencional y reafirma su compromiso absoluto con las almas atribuladas que acuden en busca de orientación, como es el caso de Doña Cecilia.

Consulta:

Respetado Don Odar:

Me atrevo a acudir a usted y espero no importunarlo, pero estoy desesperada. No sé qué hacer. Por favor guíeme.

Mi nombre es Cecilia y vivo en el barrio Santa Bárbara, en Bogotá. Soy una mujer de un poco más de 60 años. La verdad, tengo 65, pero me veo mucho más joven. En junio estuve de vacaciones con mis amigas de siempre: Irma, de 67; Elsita, de 64 y Leonor, de 70 recién cumplidos. Esta vez, estuvimos en Santa Marta.

Sucedió que, estando en la playa, el hombre de la carpa de al lado —que después supimos que era de Medellín, aunque radicado en Bogotá y también de vacaciones— se acercó a la nuestra con pretensiones inexplicables y con una galantería, que de entrada, nos pareció francamente sospechosa. Nos dijimos que podía tratarse de un cazafortunas o, peor aún, de un asesino serial; de esos que no solo matan a sus víctimas, sino que además las dejan ciegas.

La pregunta que nos asaltó fue: ¿por qué este tipo, al que se le notaba a leguas que no llegaba a los cuarenta, entabla una coqueta conversación con nosotras, que somos abuelas, separadas o viudas, en lugar de estar buscando, como todos, chicas de veintipico?

Aunque Andrés Felipe —así se llama el galán— no es feo, tiene una sonrisa encantadora y ese acentico paisa que suena tan bonito, nos propusimos rechazar sutilmente sus invitaciones e hicimos oídos sordos a tantas adulaciones. Tampoco quisimos que nos aplicara bronceador en la espalda, cosa que hacemos entre nosotras mismas. Sin embargo, Irma sucumbió y cayó en sus redes.

Ya llevan cerca de tres meses. La última vez que fuimos a tomar onces al Yanuba de la 122, nuestra amiga —radiante y rejuvenecida— nos confesó que está feliz en esta hedonista relación. Dice que él es muy atento, educado, cocina rico y que la frecuente actividad sexual la hace sentir muy viva.

Muy en secreto, nos contó que Andy —así le dice Irma— le reveló que también sale con mujeres más jóvenes que él, pero que lo que le fascina de ella es que lo tenga como su juguete sexual. Dice que Irma sabe lo que quiere y como pedirlo con autoridad. Al parecer, mi amiga no solo encontró novio; también estrenó un cargo directivo.

El problema, don Odar, es que no sé cómo Andy consiguió mi teléfono y ahora me envía mensajes por WhatsApp a altas horas de la noche. Me escribe cosas y me pregunta cómo es la pijama que tengo puesta.

Hace una semana me sugirió que nos viéramos para tomar café, obviamente, a espaldas de Irma. No sé qué hacer. Estoy ante un falso dilema con sabor a traición. ¿Será que le cuento a mi amiga o le acepto el cafecito?

Att. Cecilia Inés de Casallas

CC 51.415.301 de Bogotá

Respuesta:

Apreciada Ceci:

Lo primero que hay que dejar en claro es que su amiga fue quien se arriesgó, poniendo en peligro su patrimonio o, incluso, su vida. Así que cuidadito, con ir a entablar cualquier tipo de relación con Andy.

No sé si es impresión mía —como dijo la impresora cuando se estaba quedando sin tinta—, pero me parece que usted está tentada a aceptar ese cafecito. Debe contenerse con la misma firmeza con la que rechazó el bronceador en la playa; pues, de lo contrario, cargará con el peso de su propia conciencia por el resto de sus días. Además, hay una regla no escrita entre amigas veteranas: lo que se consigue en Santa Marta no se disputa en Bogotá.

Ni usted ni ninguna de sus compañeras de carpa tiene derecho a compartir el semental de Irma porque, como lo dije antes, ella fue la que asumió el riesgo operacional. No sabemos todavía si es un influencer en busca de contenido para su podcast sobre relaciones intergeneracionales. De todas formas, Irma se lanzó al vacío sin paracaídas, creyó en el milagro y ahora sabe para quien se baña.

Como dijo Víctor Hugo, “los sesenta son la vejez de la juventud y la juventud de la vejez”. Y, por lo visto, Irma está haciendo lo posible para que esa segunda juventud venga con bastante kilometraje y mantenimiento al día.

Un consejo final: bloquéelo de inmediato en WhatsApp para que no le siga enviando cuestionarios nocturnos y absténgase de contestarle si la llama. Y, por el amor de Dios, no acepte el café. No vaya a ser que el cafecito termine viniendo con postre incluido y, peor aún, con remordimientos, no a la postre, sino de postre.

Para el estricto registro de la consulta, ¿me puede decir que tipo de pijama usa? 😏 

























 

 

 

 

 

 

 

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