La cancha que no estaba

 



La mayoría de mis amigos son hinchas de Millonarios, personas decentes y con una gran visión del fútbol. Algunos adquieren sus abonos cada semestre y acompañan al equipo durante todo el torneo, sin importar si le va bien o mal, si juega de noche, si llueve o si hace frío.


El martes pasado, tanto la fiel hinchada abonada como quienes compraron su boleta en la taquilla asistieron a El Campín para el juego Millos-Caldas. Sin embargo, el encuentro no se pudo disputar debido al pésimo estado de la cancha. Lo inaudito es que la suspensión se anunció apenas diez minutos antes de la hora programada para el pitazo inicial. En otras palabras, cerca de 30.000 aficionados que ya ocupaban las graderías —incluidos los casi 20.000 abonados albiazules— tuvieron que regresar a casa sin poder disfrutar del espectáculo por el que habían pagado. Un viaje inútil, una pérdida de tiempo y una muestra de irrespeto atribuible a quienes tenían la obligación de garantizar que todo estuviera listo para jugar.

Según las declaraciones de Carlos Mario Zuluaga, presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor), el pésimo estado de la gramilla obedeció a los conciertos de la banda surcoreana BTS, realizados los pasados 2 y 3 de octubre, que, sumados a las intensas lluvias, dejaron la cancha inutilizable.

Conviene recordar que el estadio fue concesionado y la empresa responsable de su administración, operación y mantenimiento es Sencia. Tras lo ocurrido, el alcalde de Bogota, Carlos Fernando Galán, ordenó una investigación para determinar si el concesionario incumplió sus obligaciones contractuales, particularmente, en lo relativo a la obligación de mantener la grama del estadio en óptimas condiciones para garantizar la realización de los partidos de fútbol. De igual manera, la Contraloría Distrital adelanta una auditoría en ese mismo sentido y, a su vez, evalúa si el IDRD está ejerciendo adecuadamente la supervisión al contrato de concesión.

Sin duda, este episodio es una vergüenza para el fútbol colombiano. ¿Por qué otros estadios —no me refiero a los de Europa o Estados Unidos, si no a los de la región— reciben conciertos sin que se presenten situaciones como esta?

Lo más triste de todo es que la Dimayor en una clara demostración de negligencia institucional, solo advirtiera la pésima condición de la gramilla minutos antes del inicio del partido. ¿Acaso no debió verificar con la debida antelación si la cancha estaba en condiciones aptas para el juego? ¿Nadie realizó una inspección técnica del terreno durante los días previos? ¿O simplemente confiaron en que la gramilla se regeneraría por generación espontánea o por milagro divino?

No se sabe qué resulta más patético: si intentar remendar la cancha a contrarreloj con césped arrancado de parques públicos, colocado en condiciones inadecuadas, como efectivamente se hizo, y pretender que “pegue” para que pudiera disputarse el partido del martes —¿habrán utilizado Super Bonder?—, o escuchar al presidente de la Dimayor arremeter contra los conciertos y asegurar que El Campín debe destinarse exclusivamente al fútbol y, eventualmente, a otros deportes, con el argumento de que Nemesio Camacho, al donar los terrenos para su construcción, dispuso que así fuera.

A falta de más escenarios con gran aforo, considero que El Campín también debe servir para albergar eventos y conciertos multitudinarios. Eso sí, exigiendo al concesionario tecnología de punta, protocolos rigurosos y una gestión profesional que permita proteger adecuadamente la gramilla. No se trata de elegir entre el fútbol y la música —dos de mis grandes pasiones—, sino de exigir capacidad de gestión para que un concierto no termine impidiendo la realización de un partido de fútbol.

Las desafortunadas declaraciones de Zuluaga parecen más un intento de justificar lo injustificable que una explicación convincente de lo ocurrido. Difícilmente consiguen ocultar las alarmantes deficiencias de planeación y gestión, ni la falta de respeto hacia los aficionados, que son, a fin de cuentas, quienes sostienen el negocio.

Por si fuera poco, según denuncias del concejal de Bogotá Juan David Quintero, la agrupación BTS habría pagado a Sencia US$900.000 adicionales para cubrir eventuales daños en la gramilla. La pregunta que surge, entonces, es: ¿qué pasó con esa platica?

Remate al Arco.
Anoche, sin que la cancha se hubiera recuperado del todo y con visibles deterioros del terreno de juego, Millonarios derrotó 4-1 a Jaguares, en un partido en donde el arquero del equipo visitante fue la figura —evitó que el marcador fuera aún más abultado—, y con un Juan Guillermo Cuadrado que ya empezó a brillar vestido de azul. Si Millos golea en casa, estando la cancha como un potrero, me parece que es mejor que la dejen así. Digo yo. ⚽

 

 

 

 

 

 


Tal vez te interesen estas entradas

No hay comentarios