Me cae bien Juan Daniel Oviedo. Lo seguí con atención en los debates en el marco de la Gran Consulta por Colombia. Me pareció un tipo inteligente, sincero, desenfadado, que se muestra tal cual es. No creo que recurra a caretas —como suele ocurrir en la política— para generar empatía con el electorado. Más bien, da la impresión de ser auténtico y de decir lo que piensa, sin demasiados filtros. Desde la barrera, se percibía como una figura fresca distinta del resto de los contendores.
Dicho lo anterior, considero que tomó un camino equivocado al aceptar ser la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia. Para empezar, era evidente que ella lo necesitaba más a él que al revés. En una jugada que no desentona con el manual político de Álvaro Uribe —quien, como es bien sabido, mueve los hilos de la campaña de su pupila—, Valencia aseguró una porción significativa del voto de centro y, de paso, proyecta una imagen edulcorada de derecha dura. Una operación de cálculo fino. Aunque, para ser justos, al lado de Abelardo de la Espriella, Paloma parece, sin demasiado esfuerzo, una figura autentica de centro.
Lo cierto es que no conocemos los términos del acuerdo que llevó a Oviedo a flexibilizar sus condiciones iniciales para aceptar la invitación. Si existen divergencias de fondo en asuntos de calado constitucional y social —como el Acuerdo de Paz, la JEP o la adopción por parejas del mismo sexo—, solo caben dos lecturas: o Juan Daniel Oviedo resignó parte de sus convicciones, o hubo incentivos lo suficientemente poderosos para justificar su entrada en el engranaje del uribismo.
En ese movimiento, además, dejó de lado la posibilidad de disputar la Alcaldía de Bogotá, una plaza clave que le aportó el 40 % de su votación. Quedan, entonces, un par de preguntas inevitables: ¿qué no nos han contado para que Oviedo terminara en las aguas riesgosas de la incoherencia ideológica? ¿Acaso decidió transar, en alguna medida, la representación que encarnaba para la comunidad LGBTIQ+? Quiero pensar que, como él mismo ha señalado, se trata de un ejercicio de responsabilidad política y no de oportunismo: “nadie tiene que renunciar a lo que es para sumar fuerzas en la construcción de una alternativa frente a los extremos”.
No digo que Oviedo sea un idiota útil del uribismo. Pero sí parece, a estas alturas, una pieza funcional dentro de la estrategia de Uribe para regresar al poder —una vez más— en cuerpo ajeno. Si Paloma llegara a la Casa de Nariño, no sería extraño ver a un Oviedo marginado de las decisiones trascendentales del Estado. En ese escenario, la actual luna de miel mediática y la feria de elogios mutuos terminaría siendo flor de un día.
Remate al Arco 1. Escuchando a Uribe referirse con tanto entusiasmo a la fórmula de Paloma, me da la impresión de que el viejo zorro esta vez se presenta revestido con piel de “Oviedo”.
Remate al Arco 2. Llevo varias noches sin dormir bien, por cuenta de un video que subió Daniel Coronell a YouTube, en el que entrevista al astrólogo Daniel Daza. Hace cuatro años, Daza vaticinó —con bastante antelación y cuando ninguna encuesta lo sugería— que a segunda vuelta pasarían Rodolfo Hérnandez y Gustavo Petro, y que este último ganaría la presidencia. Esta vez, pronostica el triunfo de Iván Cepeda. Comparto el link de la entrevista. No quiero ser el único que se despierta a media noche sudando frío, aterrorizado ante la posibilidad de continuidad de este desastroso gobierno.
https://www.youtube.com/watch?v=M6pi4Wxg_pk&t=4116s
